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jueves, 10 de septiembre de 2026

Septiembre amarrillo


Septiembre Amarillo: campaña de prevención del suicidio

Hablar de prevención del suicidio también significa hablar de salud mental, de acompañamiento y de la importancia de pedir ayuda a tiempo. Durante septiembre, el color amarillo se convierte en un símbolo para visibilizar esta causa y recordarnos que escuchar sin juzgar y abrir espacios de conversación puede ser un primer paso para quienes atraviesan momentos difíciles.

El color amarillo se asocia con la prevención del suicidio en honor a la historia de Mike Emme, un joven que murió por suicidio en 1994. Mike era conocido por su personalidad alegre y su talento para la mecánica. Una de sus obras más recordadas fue la restauración de un Mustang amarillo de 1968, que posteriormente se convirtió en un símbolo relacionado con su historia.

Después de su muerte, sus amigos y familiares comenzaron a repartir cintas amarillas con mensajes de apoyo y de esperanza para las personas que atravesaban una crisis y necesitaban ayuda. Este gesto dio origen a un movimiento conocido como el Yellow Ribbon Project (Proyecto Cinta Amarilla), y con el tiempo el color amarillo se convirtió en un símbolo de la prevención del suicidio.

Salud mental

Creo que algo muy importante que debemos recordar es que la salud mental forma parte de la vida de cualquier persona, sin importar si alguna vez ha tenido pensamientos suicidas o no.

Durante mucho tiempo, la idea de acudir con un psicólogo ha sido vista de manera negativa. Hemos escuchado comentarios fuera de lugar que pueden provocar que algunas personas no quieran pisar un consultorio por miedo a lo que los demás puedan decir, o simplemente por esa antigua idea de que ir al psicólogo es “para locos”, sin embargo, hablar de salud mental y buscar ayuda profesional debería ser algo que podamos hacer sin sentir vergüenza.

Normalizar estas conversaciones también puede contribuir a que las personas busquen apoyo antes de llegar a una situación de crisis.

El origen de los pensamientos suicidas puede estar relacionado con muchos factores. En los jóvenes pueden influir situaciones de abuso, problemas en casa o con la familia, experiencias traumáticas o trastornos psicológicos que no han recibido atención, en los adultos también pueden existir factores como problemas económicos, laborales, familiares, pérdidas o distintas circunstancias que pueden generar un dolor emocional muy difícil de sobrellevar.

Hay demasiados factores detrás de un suicidio, pero aun así algunas personas suelen referirse a quienes mueren por esta causa como “cobardes”, “personas que buscan soluciones fáciles”, “personas que no son fuertes” o “personas que no aguantan nada”.

Es muy fácil hablar y criticar algo que no conocemos, un dolor que no estamos viviendo ni experimentando.

Cada persona vive de manera diferente sus problemas y encuentra distintas formas de sobrellevarlos, el hecho de que alguien esté atravesando una situación que nosotros no comprendemos no significa que sea débil. El dolor no debería convertirse en motivo de señalamiento.

Pero el dolor sí puede ser una señal para que ayudemos.

Sé que las personas que pasamos por momentos así tendemos a no pedir ayuda. Pensamos que no debemos molestar a nadie con nuestros problemas, que nuestros problemas son menores comparados con los de los demás o simplemente aprendemos a minimizar nuestras propias emociones.

Pero no podemos cargar con todo solos.

Hay personas que piden ayuda porque quieren una segunda oportunidad en la vida, también existen personas que, a pesar de pedir ayuda, no reciben el apoyo que necesitaban y terminan perdiendo la vida, por eso, si estás pasando por algo así, quiero recordarte que no tienes que enfrentarlo en silencio, hay personas que se preocupan por ti y que pueden acompañarte. 

Pedir ayuda puede ser difícil, lo sé, pero no es imposible.

Cuando ocurre una situación así, muchas personas se lamentan los familiares y amigos pueden comenzar a preguntarse "¿Cómo no me di cuenta?"

Las personas pueden ser las más alegres, las que más sonríen y las que provocan las risas de los demás, pero en su interior pueden estar atravesando un dolor que nadie conoce, un vacio o una soledad que los atormenta.

No todas las señales son visibles.

Por eso, como una forma de prevención, creo que debemos aprender a hablar de salud mental sin criticar, sin juzgar y sin satanizar la idea de recibir atención psicológica o hablar sobre nuestros sentimientos, también debemos recordarles a las personas que amamos que estamos ahí para ellas, que pueden hablar con nosotros sin miedo a ser juzgadas y que no tienen que enfrentar sus problemas completamente solas.

Si alguien te pide que lo escuches, que hables con esa persona o simplemente que te quedes a su lado unos minutos más, hazlo. No sabemos el impacto que un pequeño gesto de compañía puede tener en un momento de crisis.

Algo que me marcó mucho en mi vida ocurrió cuando un conocido se encontraba mal. 

Todos estábamos preocupados y constantemente le preguntábamos si estaba bien, él no contestaba y simplemente actuaba indiferente, a pesar de eso no nos rendimos, queríamos que supiera que estábamos con él, pero cuando volvimos a verlo sonreír y pensamos que todo iba "bien", dejamos de hacerle aquella pregunta tan importante.

"¿Cómo estás?"

En una segunda ocasión volvió a estar mal. 

Todos le hacíamos la misma pregunta y él respondía que estaba cansado, que solo era eso, pero encontramos un papel que había tirado a la basura, lo que estaba escrito ahí cambió muchas cosas en mi vida y en cómo me acercaba a mis amigos. 

"¿Por qué solo me preguntan si estoy bien cuando me ven mal? No se ponen a pensar que puedo estar mal cuando me ven reír. No se preocupan de verdad"

Les cuento esto porque creo que es algo importante, no preguntemos si alguien está bien únicamente cuando lo vemos decaído, triste o diferente preguntemos también cuando lo vemos reír, preguntemos incluso cuando pensamos que no existe ningún motivo para hacerlo.

Porque detrás de una sonrisa también puede existir un dolor que no conocemos.

Y quizá un simple "¿Cómo estás?" pueda abrir la puerta para que alguien finalmente se atreva a decir "No estoy bien".

Y cuando alguien tenga el valor de decirlo, escuchemos.

Sin juzgar.

Sin minimizar.

Sin comparar su dolor con el nuestro.

Simplemente estemos ahí para ellos.

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