LOS DUEÑOS DEL CARRO NARANJA
A veces me pongo a pensar tanto que llego a hacerme la misma pregunta ¿Qué es de la vida de esa persona? Y no me refiero a una persona en concreto que extrañe, sino a cualquier persona que llame bastante mi atención por la calle, en la tienda, en la farmacia, en alguna junta o fiesta.
Si alguien llama mi atención de inmediato mi cabeza comienza a hacerse demasiadas preguntas sobre su vida y empiezo a imaginar cómo son sus vidas, capaz es alguien que trabaja repartiendo volantes y yo creo que es un policía encubierto o talvez es una chica que trabaja de cajera y yo creo que eres una modelo que también es científica y está en busca de crear un nuevo virus.
Por eso les contare lo más extraño que me ha pasado gracias a esto.
Todo inicia cuando me cambio de escuela, para llegar a ella tenía que bajarme en un lugar específico (debido a que quedaba en otro pueblo) y caminar dos calles arriba, pero para regresarme a mi casa tenía que tomar otra ruta para llegar a la base de taxis que salía para donde yo vivía, durante tres años tome las mismas rutas, sin cambiar nada, el primer año no lo había notado, en el segundo año note que en mi ruta de regreso había varios estacionamientos, pero había uno en especial del lado izquierdo en la calle que abría siempre a las 9:00a.m. siempre estaba lleno y a la hora que yo pasaba siempre salían varios carros por lo que me tenía que esperar para cruzar, a veces miraba los carros dentro estacionados.
En el tercer año después de mirar mucho a ese estacionamiento algo llamo mi atención, entre los carros negros, azules, grises y blancos había uno que destacaba, el carro naranja.
Yo no sé mucho de autos, no me llaman la atención, así que no se la marca o modelo, solo sé que era un carro color naranja con llantas totalmente negras.
Siempre estaba estacionado ahí, en el mismo lugar, todos los días excepto los fines de semana.
La cosa empezó conmigo mirando el carro, con los días miraba y notaba que otra vez estaba estacionado de ahí, entonces di por hecho que era de alguien que trabajaba por la zona, con las semanas miraba al estacionamiento para comprobar que el auto naranja estaba ahí, pero una de esas semanas el auto se desapareció, el primer día no le tome importancia, pero al segundo me empecé a hacer muchas preguntas.
¿Por qué el carro naranja no estaba en su lugar estacionado?
¿Se le haría tarde a la persona que lo manejaba?
¿Y si se quedó sin trabajo y por eso ya no iba?
¿Se iría de vacaciones?
¿Y si había tenido un accidente?
¿Se enfermaría?
Tal vez y cambiaron de lugar de trabajo a la persona y por eso el carro ya no estaba.
El fin de semana paso y las preguntas seguían. Llego lunes y tenía la urgencia de salir de mis clases para ver si el carro naranja estaba en el estacionamiento, y fue mucha mi felicidad cuando lo vi estacionado donde siempre.
Y se volvió mi rutina.
Al salir de la escuela caminaba tan rápido como podía junto con mi grupo de amigos, mientras ellos hablaban de cosas que habíamos pasado en clases yo solo podía pensar en si el carro estaba ahí y cuando lo veía me daba felicidad, me la pasaba imaginando la vida de los dueños, y mientras más miraba el carro más historias me armaba.
En días me preguntaba si el carro era de una mujer o un hombre.
Otros días me preguntaba en que trabajaba la persona y que era de su vida, quería saber su trabajo, su forma de ser, su comida favorita, su mejor y peor día, la relación con su familia, si tenía mascotas, si le gustaba su trabajo y como es que había conseguido el carro o porque lo había elegido.
Y en otros días me imaginaba la vida del posible dueño/a.
A veces la dueña del auto trabajaba en la farmacia de a lado como cajera, pero seguro estaba buscando alguna cura para un virus porque su padre era un científico que cayó en la locura y creo una enfermedad mortal, su papá estaba encerrado en un psiquiátrico.
Igual el dueño podía ser el hombre que regañaba a los empleados del banco porque es un hombre amargado porque en su casa vive solo con sus gatos, pero durante la noche era un ladrón y trabajaba en el banco para lograr saber cómo robarlos.
La dueña podía ser la policía de tránsito que siempre me daba el paso y yo le sonreía, sin saber que ella les implanta un virus mortal a los peatones que les da el paso, para controlar su mente y empezar una guerra.
El dueño podía ser el chico que trabajaba en la presidencia dando informes cuando en realidad estaba haciendo su servicio social porque termino la carrera, pero es un famoso cantante en Polonia.
O los dueños eran los mellizos que trabajaban en el colegio bilingüe, que cuando acababa el turno abrían un portal para ir al mundo mágico en busca de un artefacto poderoso capaz de derrotar a la bruja malvada.
Pero ya dejándonos de tanta cosa fantasiosa, siempre me preguntaba qué sería de los dueños.
¿Sería alguna de las personas que trabajaba en la veterinaria, restaurante, farmacia, banco o establecimiento y seria feliz en ese trabajo? ¿Cuándo llegaba a su casa se sentía en soledad o compañía? ¿Salía con sus amistades? ¿Su familia era su apoyo o no tenía buena relación con su familia? ¿Qué comería ayer? ¿Era buena o mala persona? ¿Iba a misa? ¿En qué creía? ¿Tendría alguna perdida que le doliera? ¿Qué es lo que más le gustaba hacer? ¿Le gustarían las películas? ¿Ya cumpliría su mayor sueño?
Nunca lo sabre, porque salí y aquel carro naranja que me acompaño durante tres años sigue en ese lugar estacionado del lado izquierdo de la calle.
Nunca le he contado esto a nadie y a pesar de que miraba mucho a ese estacionamiento nunca nadie me hizo la pregunta del ¿por qué? Hay días que aún paso por ese estacionamiento y miro el carro naranja, y me hago la pregunta ¿quién de todas esas personas que caminan por mi lado, me atienden o comparten espacio conmigo es la/el dueño?
Me hubiera encantado conocer al dueño del carro, así su vida fuera de lo más simple y común, a mí me hubiera encantado escuchar su historia.
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